El miércoles ponen el mercadillo a la puerta del hotel. Nada comparable con Porta Portesse. Aunque a mi mirada nunca le falta acicate; allí mis ojos se llenaban de colores. Los de las frutas y las especias que se vendían en puestos muy "bien puestos". Todo en orden, algo que se complementa con mi desorden interno.
Buscaba las pieles que me dan cobijo y no las encontré. Los visones que vi el anterior verano en Porta Portesse no se encontraban en aquel tradicional mercadillo de barrio.
(Quizá su marsupial forma ... o más bien la calidez... no lo sé. )
Y buscando... y sin saber cómo... Zas! de repente descubro un escaparate destartalado en una avenida muy sucia, cincunvalante a la ciudad. ¿ABRIGO DE MARMOTA 250 euros!
Aquel abrigo de marmota me recordaba al abrigo que llevó Jessica Lange en una película y que se encuentra en el museo de Cine città. Llamé al timbre. Abrió un señor bajito y muy vivo.
Hablé con mi piccolo italiano y un poco de español. Me hizo pasar por toda la tienda que era profunda y fría. Al final se encontraba un patio y, atravesándolo, pasamos a una gran nave: aquéllo era un taller donde se confencionaban abrigos de visón canadiense y zorro blanco.
No me da vergüenza confesar que estaba encantadísima. Lo natural en el ser humano es cubrir su cuerpo con pieles de animal. Ya lo dije antes. Buscamos el marsupial que nos dé cobijo y calor.
Estaba llena de abrigos hasta una altura de unos 6 o 7 metros y en aquella nave trabajaban, de forma artesanal, varias mujeres dirigidas por aquel hombre bajito el cual, al marcharme me dijo en un italiano muy pizpireta: Ale, la ragazza!!!!!
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