LA MEMORIA
Siento lo mucho que dura mi memoria
dentro de mis sienes apretándome con migraña,
saliendo como veneno por mis ojos
en la maraña de mi azul iris.
Sigue mi repertorio de mimos
hacia el día en que te curé,
saliendo como un rayo aquella noche obscura
que precedía a la tormenta ante el juez.
Capricho del destino, el tuyo
mi sino ha castigado tu pecado.
Y siento la memoria como puñal en mi garganta
que no puede salir de su escondrijo
y cantar a la aurora
despertando con ayuno de la noche.
Sus alimañas no han podido con el recuerdo
y mis ganas de arañar el sueño que se cierne como ideal no conseguible.
Tu castigo y tu penitencia juntos de la mano
en el pasado imborrable de tu hoja quedan para siempre,
mientras mi paso casual por tu camino
sólo queda en mis entrañas cobijado.
Ninguna constancia salvo aquella noche obscura
denunciando algo ajeno a mi persona.
Destino caprichoso, hazme el favor de borrar de mi memoria
al igual que has borrado de la suya mis mejores momentos a su lado.
Y familia destructora como eres,
destruye también el paso de esta atormentada sien
que se sienta a tu lado en el recuerdo
que se alienta a tu lado para AMAR
porque también tu me has curado
y también yo sé lo que es QUERER
tras aquel paso delicioso del pecado
a través de dos seres casquivanos.
Que la muerte de nosotros haga nacer lo nuevo
y lo nuevo a través de la penitencia en el castigo.
Suenan y resuenan los tiros al aire
anunciando el resurgir de nuestro reino;
el Reino del amor más puro
nacido de lo más impuro
y que del final nazca el principio
y que de las cenizas al fin
el ave escape sin lugar a dudas,
hacia el horizonte que nos lleve
y nos saque de la deriva inevitable.