sábado, 7 de abril de 2012

LONDRES 1990

Michelle era una mujer de cuarenta y tantos años. La vida con ella no era fácil y a ello se añadía su niña de 3años y medio, muy inteligente y con un genio endiablado. Demasiado femenino aquel ambiente, yo sufría algo menos que ellas la carencia del hombre.
Recordaré siempre el afán que ponía la niña, (ya tan pequeña) en ir a hombros de mi novio.
Fede (que suena a feather (pluma de ave)) no parecía estar molesto con tanta aportación femenina y soportaba sobre sus hombros a la niña que paseaba dulcemente así,viendo los ánades del Serpentine.

En Tent City uno parecía sentirse en un campo de concentración en la Segunda Guerra Mundial. Barracones colectivos llenos de camas con un montón de piojos, era lo que se podía encontrar uno por pocas libras al día. Con derecho a un baño lleno de punkies afeitándose la cabeza o duchándose y acicalándose la cresta. No podía creerme que aquello fuese realidad. Normalmente pensábamos que los "punkies"(pordiosero), eran gente que no se lavaba nunca y que no vivían en ningún sitio. Pues, allí, en pleno Londres, Tent City, pude darme cuenta de que no sólo no era así sino que eran más limpios que el resto de gente.
Nosotros éramos privilegiados ya que llevábamos nuestra propia tienda de campaña. Una igloo, que se pusieron de moda por entonces en España.
Fede la trajo en su mochila en el avión que aterrizó en Heathrow en su segundo viaje a Inglaterra en dos meses.
Dormimos una noche solamente. Al segundo día vino Michelle y se horrorizó ante aquel espectáculo de crestas y cabezas rapadas.
Aquello no cuadraba con su mentalidad de "barbie" inglesa. Acostumbrada a su pisito en la frontera entre Porto Bello y MaidaVale, esto era horrible. Para mí era inusual, pero al mismo tiempo, era una experiencia exótica.
Para ella ésto era una vergüenza nacional. Inglaterra es así.

No quiso que durmiésemos entre tanta "escoria" , tal y como ella los llamaba. Así aprendí la palabra "rubish",q ue también significaba "bah,tonterías". Así que nos dejó que estuviésemos una semana en su apartamento durante toda una semana a cambio de la tienda de campaña que plantaría en el jardín de la casa de su hermano, fuera de Londres.
Por supuesto aquello fue un trueque generoso. Una escusa para dejarnos estar solitos y disfrutar de una mini convivencia que en España se veía como un pecado mortal.
Así se lo dijo el que después fuera mi suegro y abuelo de mi hijo al entonces novio mío.
- ¿Que estáis viviendo solos en un piso en Londres? estáis en pecado mortal. Le dijo en una conversación telefónica a Fede. Claro que la más pecadora era yo. Al fin y al cabo él era un hombre y si no llega a ser porque él llevaba intenciones de casarse conmigo ,tener hijos y bla bla bla... pues... aquello habría sido motivo de orgullo: una experiencia más.
Si yo hubiese sospechado en aquel entonces las maldades que escondían las buenas intenciones de los novios casaderos.....
Aquella semana la vivimos como se debería de vivir siempre: minuto a minuto, sin hacer planes y disfrutando de lo bueno y lo malo, que también había. Aunque lo malo era un acicate para saborear lo bueno. Nada más que eso.






No hay comentarios:

Publicar un comentario