En la actualidad, se dedicaba al entrenamiento de las nuevas generaciones que se marchaban al océano donde pasaban 10 años para hacerse mayores. Después, cuando ya eran expertas en el arte de nadar, pasaban un tiempo en tierra, donde depositaban sus huevos. Cuando el clima se hacía más frío,viajaban desde el mar del Caribe hacia el Pacífico Sur. El viaje duraba varios meses, lo que no es mucho tiempo para una tortuga. Durante el tiempo que entrenaban , las tortugas, que iban todas juntas, se encontraban con los delfines, que también se entrenaban para los saltos de trampolín y el waterpolo. La tortuga ancianita había hecho mucha amistad con el delfín más veterano del grupo y que también era el entrenador oficial del equipo olímpico. Nagore, la tortuga y Flipper, el delfín sentían una gran admiración el uno por el otro.
NAGORE: Dime, Flipper ¿cuánto tiempo dedicais al entrenamiento?
FLIPPER: Oh! nosotros hemos de darnos mucha prisa, como sabrás, nosotros no vivimos tanto tiempo como vosotras que podeis estar 20 años entrenando.
NAGORE: Sí, claro y nuestros días duran más horas que los vuestros. La verdad, es que es una suerte haber nacido tortuga.
Mientras hablaban, no se habían dado cuenta de que el gran Tiburón "Tanque VI" iba rondando por entre la manada de delfines y el equipo de tortugas.
Se trataba de el sexto monarca de la dinastía de los Tanques, llamados así por su gran agresividad y afilados dientes que se parecían a las ruedas dentadas de un tanque.
De repente y en mitad de la noche, cuando todos estaban durmiendo,el ejército de tiburones hizo su aparición.
TANQUE VI: Tu, jefe de los Delfines, ordena a tu equipo que recoja sus cosas para someterles a un interrogatorio en nuestro cuartel general.
FLIPPER: Eres malvado y sabes de sobra que no desvelaremos ningún secreto.
Uno de los esbirros de TANQUE VI empezó a empujar a los deportistas hasta llevarlos a una cueva cercana.
Nagore se había dado cuenta de las malvadas intenciones de los tiburones y enseguida movilizó al equipo de tortugas nadadoras. Había que tener cuidado. No tenían que ser vistas por los Tiburones y debían actuar con cautela.
El cuartel general de los Tiburones distaba poco del campamento de las tortugas y éstas debían dar un rodeo para acercarse lo más sigilosamente posible.
Conocían las aviesas intenciones de los Tiburones. Eran animales envidiosos del arte de los Delfines y no conseguían aprender las reglas del juego del waterpolo.
Les gustaban las olimpiadas y seguían todos los campeonatos locales y mundiales que veían por la tele por cable transoceánico que los humanos habían instalado hacía poco y, como buenos piratas, pirateaban con gran descaro.
Pero, eran tan torpes, que no aprendían y el Rey Tanque VI estaba cansado de que las tropas de su ejército no hiciesen otra cosa que desgarrar desperdicios de barcos, en sus ratos de ocio en la cantina del cuartel.
Así es que para Tanque VI y sus secuaces era de vital importancia desvelas aquellos secretos de estado.
Nagore reunió rápidamente a todas sus tortugas y se aislaron para proponer un plan de actuación. Lo primero fue preparar una buena comida con medusas y algas que encontraban almacenadas en el campamento de los Delfines. Después de proveer a sus músculos con una buena cantidad de proteínas, las tortugas pusieron en práctica su plan.
La jefa de las tortugas envió a dos de sus más expertas nadadoras para distraer a los tiburones que eran tan tontos como grandes. Empezaron con los ejercicios de calentamiento y después siguieron con una pirueta llamada "la estrella" que consistía en asomar la cabeza por encima de la superficie mientras aleteaban por debajo del agua. La curiosidad de los malos hizo que soltaran las armas que, rápidamente recogieron las cuatro tortugas que estaban detrás de la cueva-cuartel, atentas a los movimientos de los tiburones.
Al ver el engaño,éstos se enfadaron mucho y trataron de atacar a las tortugas que habían preparado una red con las tiendas de campaña. Todos quedaron atrapados dentro de las lonas mientras delfines y tortugas se rieron de ellos.
Después, los Delfines jugaron un estupendo partido de waterpolo que les sirvió de entrenamiento,mientras los malos se retorcían de envidia.
Luego, las tortugas realizaron varios números de natación sincronizada al compás de una canción que el capitán del equipo de los delfines iba entonando.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
FIN.
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